Dentro del universo de fondos cotizados, hay una categoría que está creciendo más rápido que todas las demás: los ETF activos. Es decir, fondos que cotizan en bolsa como cualquier ETF pero que, en lugar de limitarse a replicar un índice, incorporan decisiones de gestión activa. Suena contradictorio con la filosofía de la gestión pasiva, y en cierto modo lo es. Pero los números hablan por sí solos.
Los ETF activos en Europa cerraron 2025 con un patrimonio de 96.300 millones de dólares, un crecimiento del 86,59% respecto al año anterior. En 2024 ya habían crecido un 68%. Captaron 38.580 millones de dólares en entradas netas durante el año, más del doble que los 18.560 millones de 2024. Y HANetf reveló que el 80% de las consultas que recibió de nuevos emisores en 2025 eran para lanzar ETF activos.
El fenómeno no es exclusivo de Europa. En EE.UU., los ETF activos también están explotando, con gestoras como JPMorgan, Dimensional o ARK aprovechando el formato para ofrecer estrategias activas a costes muy inferiores a los de un fondo tradicional. El atractivo es evidente: combinas la eficiencia operativa y fiscal del ETF con la posibilidad de que un gestor añada valor.
Qué es exactamente un ETF activo y en qué se diferencia
Un ETF pasivo replica un índice. Punto. Su objetivo es igualar la rentabilidad del benchmark, ni más ni menos. Un ETF activo tiene un gestor o un algoritmo que toma decisiones sobre qué comprar, cuánto y cuándo, con el objetivo de superar al mercado o de gestionar el riesgo de forma diferente.
La ventaja sobre un fondo activo tradicional es el coste. Mientras que un fondo de gestión activa en España puede cobrar comisiones del 1,5-2% anual, muchos ETF activos se mueven en el rango del 0,20-0,50%. Además, al cotizar en bolsa, ofrecen liquidez intradía, transparencia en la composición de cartera y acceso directo desde cualquier bróker.
Para quién tienen sentido
Los ETF activos no son para todo el mundo. Si tu estrategia es comprar un MSCI World y mantenerlo 20 años, un ETF pasivo con TER del 0,10% sigue siendo la opción más eficiente. Pero si quieres añadir posiciones satélite con gestión activa a un coste razonable —renta fija flexible, estrategias de dividendos con filtro de calidad, exposición a crédito con gestión de duración—, los ETF activos son una alternativa seria que antes no existía.
En España el acceso todavía es más limitado que en otros mercados europeos, pero plataformas como Trade Republic, Interactive Brokers o DeGiro ya ofrecen una selección amplia. La tendencia es clara: en los próximos años, la frontera entre gestión activa y pasiva va a seguir difuminándose, y los ETF van a estar en el centro de esa convergencia.
Lo importante no es el nombre del producto, sino lo que hay dentro, lo que cuesta y si encaja en tu plan. Eso no cambia aunque el formato sea nuevo.
También merece atención una subcategoría emergente: los ETF basados en opciones, que triplicaron su patrimonio en 2025 hasta los 6.800 millones de dólares. Son productos más complejos, no aptos para principiantes, pero reflejan cómo el formato ETF se está expandiendo hacia estrategias que antes solo existían en el mundo institucional. El ecosistema evoluciona y conviene estar atento, aunque siempre con los pies en el suelo y la estrategia clara.